La supervisión energética suele centrarse exclusivamente en la calidad (cantidad) de la energía: los kilovatios-hora (kWh) y los costes. La supervisión de la calidad de la energía analiza la calidad de esa energía: la pureza de la tensión y la corriente (armónicos, caídas, picos). Una instalación puede consumir poco y, sin embargo, tener una calidad de energía muy deficiente que provoque averías.